lunes, 7 de julio de 2008

Claret tuvo un sueño




Claret tenía un sueño: un gran ejército de evangelizadores, servidores de la Palabra, enviados a anunciar el mensaje liberador de Jesús. El santo , estratega y creativo, supo leer con precisión los signos del tiempo que le tocó vivir y con gran intuición, alimentada por el Espíritu Santo, alentó a los seglares a participar en la misión universal de la Iglesia. Escribió poco, pero hizo mucho con los seglares. Impulsó la asociación de los seglares con varias instituciones: La Hermandad del Corazón de María (1847), La Hermandad de la Doctrina Cristiana (1849), La Academia de San Miguel (1856) y las Bibliotecas Populares (1864), junto al decidido impulso a la ya existente Archicofradía del Corazón de María …, espacios donde poder desarrollar la tímida participación de los laicos en la evangelización.

Tras la muerte de Claret, los trágicos acontecimientos que se desarrollaron en España sofocaron casi por completo aquel fuego que había prendido en los seglares a través de él.
Pero aquellos rescoldos que quedaron estaban alimentados por el Espíritu, por lo que ninguna dificultad podía extinguirlos definitivamente.

Así, el fuego poco a poco volvió a calentar el corazón de los seglares. Primero conformándolos en los Colaboradores Claretianos, a modo de orden tercera de la congregación claretiana, centrados fundamentalmente en el apostolado de propaganda, para convertirse más tarde en los Asociados Claretianos. Seguían siendo prolongación de la acción misionera de los misioneros claretianos y parte misma de la congregación (el ala claretiana seglar), pero “no sólo como meros colaboradores, sino corresponsables en la misma acción misionera” . Aún quedaba camino por recorrer, pero la red internacional de seglares claretianos y el clima de fraternidad y comunión empezaban a tomar cuerpo.

El fuego del Concilio Vaticano II había de prender definitivamente en los seglares. Y fueron los misioneros claretianos los que nos abrieron los ojos con el clarificador “Mensaje del XIX Capítulo a los Claretianos Seglares de todo el mundo” en el que nos animaban a “caminar frente a la historia con fuerza propia”. La identidad del seglar claretiano empezaba a tomar cuerpo en consonancia con la teología del laicado del concilio. Una identidad en la que todavía hoy debemos seguir ahondando.

Y llegó la hora del alumbramiento. Aquel II Congreso de Seglares Claretianos celebrado en
Villa de Leyva (Colombia) del 3 al 10 de julio de 1983, que posteriormente se convertiría en fundacional y por tanto, I Asamblea General de los Seglares Claretianos. Previamente, se había hecho un trabajo esencial, el borrador del Ideario, que elaboró el P. Antonio Vidales , y que luego fue estudiado y revisado en distintas reuniones de seglares. Tras varios días de trabajo, “El jueves 7 se trabajó en tres bloques las 3 partes del Ideario restantes. El trabajo resultó duro, pero interesante. Tampoco se realizó en el tiempo convenido y hubo que ampliar el trabajo por grupos, no pudiéndose realizar la plenaria”. Se tuvo al día siguiente. “También resultó costosa y no pudimos concluirla en la mañana, quedando pendiente la parte organizativa para la primera hora de la tarde. A las 4,08 p.m. del día 8 de julio quedaba aprobado el primer Ideario y Organización de los Seglares Claretianos. Dicha aprobación fue recibida por toda la sala con grandes aplausos y una inmensa alegría” .


Cuatro años después, en la II Asamblea General celebrada en Florencio Varela (Argentina) se aprobaba la redacción definitiva del Ideario en la que se separaban las cuestiones organizativas en lo que serían los Estatutos del Movimiento y el 20 de abril de 1988 se aprobaba el Movimiento por el Consejo Pontificio de Laicos.

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